lunes, 30 de marzo de 2020

La “mal” llamada gripe española


En 1918, hace prácticamente un siglo (vale… 102 años), la humanidad sufrió la mayor pandemia que se haya conocido y registrado hasta entonces, ya que pudo causar más de 50 millones de víctimas (han habido epidemias o pandemias más catastróficas a lo largo la Historia, como la "peste negra" de 1358, pero aunque afectaron mucho más en porcentaje, tuvieron menos cifras cuantitativas por la menor población de la humanidad en aquellos entonces), por lo que como decía, esa pandemia de 1918 se considera la que más víctimas provocó... y, manda narices, que se le conozca, de forma errónea y torticera, como la “gripe española” (¿quién sería el “lumbreras” que la bautizó así?, un antiespañol… seguramente de Venezuela o Cuba…o quizás un yanqui, ya que fue en EE.UU. donde se inició la enfermedad).

En ese año, 1918, el mundo seguía enfangado en una de las guerras más cruentas e innecesarias de la Historia (si es que hay guerras necesarias), la Primera Guerra Mundial o la Gran Guerra, como se le conoció entonces, que desde el verano del 14 había arrebatado la vida de millones de jóvenes en las inhumanas trincheras se se extendían por cientos de kilómetros en los frentes. 
Parece ser que el virus H1N1, mejor que llamarlo el “bichito” de la gripe española, se detectó por primera vez en Estados Unidos, en Fort Riley (Kansas) el 4 de marzo de 1918, un campamento militar donde se estaban preparando los soldados estadounidenses para mandarlos inmediatamente a luchar en la Gran Guerra. No obstante, hoy en día, está aceptado por la comunidad científica internacional, que ya en el otoño de 1917 se había producido una primera oleada de esta gripe, también en campamentos militares de adiestramiento de soldados.
Y es que, en abril de 1917, EE.UU. había entrado en la referida guerra mundial, del lado de los “aliados” y, desde entonces, estaba organizando el desplazamiento a Europa de millones de soldados. Desde ese 4 de marzo, el virus empezó a extenderse rápidamente, afectando a cientos de soldados en pocas semanas, lo que hizo al propio presidente estadounidense, Woodrow Wilson, plantearse el envío de tropas a Europa para no propagar la epidemia, pero claro… eso podría perjudicar mucho a la moral de las tropas aliadas en el frente, por lo que Wilson desechó su idea inicial y mandó a miles de soldados infectados a Europa.
Los soldados norteamericanos entraron en el viejo continente por la ciudad francesa de Brest, donde inmediatamente se empezaron a detectar casos de contagios. Además, estos bichitos son muy “cabroncetes” y tienden a mutar, lo que les convierten en más peligrosos y letales, y eso fue lo que hizo nuestro amigo, el N1H1, nada más pisar tierra francesa en el verano de 1918.
Y claro, estamos en un año crucial en la guerra, se estaba decidiendo su final (terminaría, de hecho, en noviembre de ese año), con movimientos de tropas de norte a sur, de este a oeste, con la población desnutrida por los durísimos años de guerra, con carencia de medicamentos… así que en ese ambiente, el N1H1 estaba como “Pedro por su casa”, por lo que, de epidemia se pasará a pandemia, aunque no existiera la OMS para catalogarla como tal (menos mal que ahora existe este organismo internacional y ha sido super resolutivo a la hora de frenar el Covid-19. ¡Qué sueldos más bien pagados los de sus miembros!).
Así que desde Francia el virus se expande aceleradamente por el Reino Unido, Italia, Alemania, … pero claro, estos países están en guerra y lo que menos necesitan sus tropas son noticias sobre una pandemia que pueda bajar la moral a los insensatos jóvenes que siguen “saltando” la trinchera efusivamente por su “patria”, para morir ametrallados… como buena partida de póquer que está a punto de terminar cualquier gesto de debilidad puede ser la ruina...así que, en estos países, se impone una censura férrea que oculta la expansión de la enfermedad y sus letales consecuencias. Hasta se suspendieron ofensivas militares por la extensión de la gripe, pero todo eso pasó desapercibido. ¡No se supo nada de nada!
Y mira por donde, a uno de los pocos países neutrales a los que llega la pandemia es a España, cuya prensa empieza a publicar noticias sobre una nueva gripe contagiosa que se está extendiendo rápidamente, pero vaya, poca cosa, un resfriadillo y poco más… El 22 de mayo de 1918, el diario ABC publicó en portada la aparición de una enfermedad parecida a la gripe, pero con efectos leves. ¿Y qué os parece este titular?: "Falsos rumores de alarma", pues así titulaba el periódico El Sol el miércoles 29 de mayo de 1918, además de quitarle importancia a la “gripe de moda” en el desarrollo de la noticia. ¿a qué os suena la canción?
Portada el diario "El Sol"
Así que como es España donde se empieza hablar, sin tapujos, del bichito N1H1, pues premio, y como todavía faltaban décadas para el estreno de la “Guerra de las Galaxias”, en la cual ese nombre, ya sabéis...N1H1, hubiera tenido más tirón, pues a la pandemia se le empezó a llamar “gripe española” y así ha pasado a la posteridad.
En España, como ya he dicho, el bichito se tomó al principio a la ligera,… incluso, con un poco de humor, así, a la enfermedad se le empezó a denominar en los ambientes cupleteros y de zarzuela de Madrid como el “Soldado de Nápoles”, por una canción de éxito de la época (el nº1 de los 40 si hubieran existido entonces), que sonaba en la famosa zarzuela “La canción del Olvido”, y que también era muy “pegadiza” (¿entienden ahora la broma?).
Aquel virus, como el actual, no entendía de fronteras ni de clases, y tanto el rey Alfonso XIII y el jefe de Gobierno, Manuel García Prieto, enfermaron a causa del dichoso bichito. 
¿Y el Gobierno? Pues desconectado e improvisando… ¿os suena? Conforme fue aumentando drásticamente el número de infectados y, el dramático numero de fallecidos, empezaron a tomar medidas… como en el resto de países del mundo, porque la improvisación no es patrimonio hispánico y de eso se surte mucho la política. Eso sí, cada país actuando uno por su cuenta, e insolidarios unos con otros… ¿os suena también?

A diferencia de otros virus conocidos hasta la época, este N1H1 afectó mayoritariamente a adultos sanos entre los 20 y 40 años, más que a niños y ancianos. Los pacientes desarrollaban fiebre y problemas respiratorios y, como en aquella época, los conocimientos médicos no eran los actuales y los recursos eran escasos y rudimentarios, los médicos aplicaron en la mayoría de casos remedios caseros y tradicionales, como sangrados, oxígeno, ingesta de aspirinas en grandes cantidades (la Bayer, me imagino, se forraría), incluso, hubo oportunistas que recetaban remedios milagrosos, o quien animó a fumar, porque el humo podría matar al virus… pero lo cierto es, que como el actual “bichito”, no existía ni cura ni vacuna…así que la letalidad fue creciendo hacia cifras alarmantes.

Con retraso, los Gobiernos empezaron a tomar medidas para contener la expansión de la enfermedad, pero… ¡sorpresa! … llegaron demasiado tarde, cuando ya el virus se había expandido por todos lados, aun así, se empezaron a suspender celebraciones o actos que acarrearan concentración de personas, como las ceremonias religiosas, fiestas populares, las pocas actividades deportivas que había (La Liga no se pudo suspender porque no existía aún, aunque ya había locos dándoles patadas a una pelota), se cerraron escuelas, teatros, fábricas, los transportes públicos ,… incluso, se empezaron a ver gente con mascarillas por las calles, sobre todo, en los centros sanitarios… curioso, ¿verdad? ... pues sí, la historia se repite, y lejos de aprender, incidimos en los errores.

En cuanto a las cifras de esta pandemia, que duro tres años (1918-1920) ya que hubo varios brotes, se ha considerado, tradicionalmente, que pudo provocar entre 40 y 50 millones de víctimas en todo el Planeta, aunque estudios más recientes consideran que pudo llegar a los 100 millones, ya que en muchos países subdesarrollados no se contabilizaron los fallecidos, ni disponían de servicios sanitarios para contabilizarlos de manera fidedigna. El número de fallecidos pudo rondar entre un 10% y 20% de los infectados, aunque varió mucho de un país a otro, sobre todo, en función del desarrollo socioeconómico. Hubo islas del Pacífico que llegaron a perder al 90% de su población o, en China se estima que murieron 30 millones de personas, con un 40% de mortalidad entre los infectados.
En España, que fue uno de los países europeos más afectados, las cifras oficiales hablan de casi 148.000 víctimas en 1918, llegando a los 200.000 fallecidos en los tres años de pandemia, No obstante, un reciente estudio publicado en 2008 por Antonio Trilla, médico epidemiólogo del Hospital Clínico de Barcelona, asegura que la mortalidad pudo alcanzar la cifra de 260.000 personas, lo que supone prácticamente el 1,5% de la población total de España en 1918-1919, que apenas llegaba a 20 millones.

La “gripe española”, no se puede comparar con el actual Covid-19 o Coronavirus porque, por un lado, son enfermedades distintas (no insisto más por ese camino que me pierdo y me puedo meter en un charco grande) y, por otro lado, más importante aún, los conocimientos y avances médicos de entonces no son los de ahora y el sistema sanitario actual es infinitamente superior al de hace un siglo.
Eso sí, sigue habiendo incívicos que no respetan las medidas establecidas por las autoridades y… los políticos, hoy igual que hace un siglo, no están a la altura… los que nos gobiernan parecen sobrepasados, improvisando y llegando siempre tarde, y cuando no, se contradicen… y la oposición, pues a sacar rédito electoral y crear incertidumbre…y desleales todos.
Esperemos que en el futuro próximo este Covid-19 sea una pesadilla de mal gusto, que nos aguó la primavera de 2020 y, como la de 1918, ni aquella era española, ni esta es china, porque vivimos, para bien o para mal, en mundo globalizado y estamos conectados todos con todos, y estos bichitos, no entienden de fronteras, y menos de razas, de ideologías, de sexo, de religiones... así que unidos, saldremos adelante.

sábado, 28 de marzo de 2020

Los calzoncillos de Carlos II


A finales del siglo de Oro, es decir, el siglo XVII, teníamos como rey a Carlos II, llamado el “Hechizado” (lo de llamarlo el bobo o el lelo hubiera sido muy irreverente, pero habría sido más descriptiva), que a la postre fue el último rey de la dinastía de los Austrias, la cual se caracterizó por su endogamia (lo que viene a ser casarse entre tíos y sobrinas, primos hermanos…), así la madre del hechizado era a su vez sobrina de su padre y prima de su propio hijo, y su padre era también su tío…¡vaya lío! Y ya se sabe… entre tanto primo hermano…salió la criaturita como salió…
Carlos II, por Juan Carreño de Miranda (1885)
Su padre, Felipe IV, parece ser que fue una bragueta “inquieta”, de tal manera que algunos historiadores le atribuyen más de 50 vástagos, la mayoría claro, hijos bastardos o ilegítimos y, de todos, el único heredero legítimo que le quedó vivo fue la piltrafa de Carlos II… “manda huevos” como diría aquel "brillante" presidente del Congreso.
Nada más nacer, se vio que el principito era endeble y debilucho, aunque la versión oficial de la prensa de la época, la “Gaceta” de Madrid, lo describiera como un “un robusto varón, de hermosísimas facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes”, ya veis, los medios de comunicación al servicio del poder no es algo nuevo, existen desde que se originaron. Más realista fue la descripción que el embajador francés mandó a Luis XIV, el “Rey Sol” (muy atento a lo que sucedía en España por si podía “trincar”): "El Príncipe parece bastante débil; muestra signos de degeneración; tiene flemones en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura, … es bastante feo". ¡Resumiendo, …! un cromo!
Aunque en la Corte pusieron todos los medios en sacar adelante al heredero, así lo amamantaron 14 nodrizas hasta los cuatro años (que digo yo que se podría haber llamado el Rey “mamón”), no había manera… el chiquillo no pudo mantenerse en pie hasta los 6 años (después iré con las enfermedades, pero parece ser que también era cabezón, y como se le fuera el peso a un lado, imagínense…), tenía dificultades para hablar y, a la hora de aprender, era “lentillo”, y no iba al ritmo adecuado para un monarca… la tabla del 2 y poco más… Además, padeció todas las enfermedades posibles y por haber: sarampión, varicela, viruela, rubeola, erupciones en la piel, diarreas continuas, vómitos constantes, multitud de catarros, ataques epilépticos e hidrocefalia (esa es la de la cabeza grande) …ah…algo muy importante… un solo testículo, que encima estaba vano, vacío o atrofiado, como prefiráis… Ya volveré al testículo…

Pues este personaje fue el que les tocó como rey a los españoles que despedían el siglo XVII. Era lo que tenía ser el hijo legítimo del rey anterior, que ya puedes ser tonto, loco, malvado, retrasado, … que por derecho divino heredas la corona y el poder absoluto. Así que en 1665 era coronado como Rey de las Españas y, digo bien, porque España era un vasto imperio que poseía territorios más allá de la Península, en Europa (Flandes y territorios italianos), la mayor parte de América, territorios en Asia (Filipinas y algunas islas) y África. Como decía el tatarabuelo de Carlitos, Felipe II, un imperio donde no se ponía el sol. Y claro, este enorme imperio era una golosina en la puerta de un colegio, por lo que las grandes potencias de la época, sobre todo, Francia y Austria, mandaron sus espías, perdón, a sus embajadores a la Corte para ver si el nuevo rey duraba mucho o no y, en caso de escasa “durabilidad”, como se preveía, influenciar para poder colocar a un candidato afín a los intereses de cada uno y así poder pillar un trozo del inmenso pastel que era España en aquellos tiempos, muy grande, aunque decadente.
Y llegó el momento de que el enclenque de Carlos II cumpliera con su obligación más trascendental, la de dar un retoño que heredara la Corona, así que, con 18 añitos recién cumplidos, lo casaron con la francesa María Luísa de Orleans y, con ese objetivo prioritario, se pusieron manos a la tarea, pero como no podría ser de otra forma, imposible, que no había manera. Como en aquella época se desconocía lo del monotestículo atrofiado del rey y era impensable que un rey de España fuera estéril, la culpa de la falta de descendencia era de la francesita. Incluso por Madrid circulaban canciones “cariñosas” hacia la reina:
Mª Luisa de Orleans
“Parid, bella flor de lis,
en aflicción tan extraña,
sí parís, parís a España,
si no parís, a París”.
Ante tales rumores, la reina filtró por la Corte que el rey era lento al andar y al entender, pero era Usain Bolt a la hora de eyacular, es decir, a la amplia lista de padecimientos, habría que sumar el de eyaculación precoz…era ver una teta a la reina y ya está… así que los bichitos se derramaban más en las sábanas y en los calzoncillos que en lugar esperado por todos los españoles.
Y es aquí donde entran en juego los calzoncillos que protagonizan el artículo. Como ya he dicho, las grandes potencias de la época tenían mucho interés en saber si Carlos II podía tener heredero o no, para poder influenciar en la futura cuestión sucesoria. Se intuía que no, así que hubo un embajador francés, el conde de Rebenac, que quiso cerciorarse “científicamente” de que el rey era estéril o no, por lo que sobornó a una lavandera de palacio real para que robara unos calzoncillos del rey, sin lavar claro está, y se los entregó a dos médicos para que analizaran el semen impregnado en dichos calzoncillos (ya he dicho que el rey era Billy el niño a la hora de “disparar”). Así que me imagino a los dos galernos galos inspeccionando la muda, buscando efluvios reales, oliéndolos e, incluso, si fuere necesario. lametazo al canto, para determinar dos cosas opuestas: un médico afirmó que era estéril y el otro que no. Vaya contradicción se llevaría al embajador de la ciencia de la época. En estas estamos cuando en 1689 muere la reina María Luísa de forma inesperada (hay quienes cuentan que falleció por una peritonitis provocada por los “salvajes” brebajes que le hacían tomarse para incentivar su fertilidad, porque ya dijimos que se tenía claro que la estéril era ella).
Inmediatamente se pusieron a buscar una nueva reina, claro está que tuviera “pedigrí” de fertilidad, y la encontraron en Alemania. La “afortunada” era Mariana de Neoburgo, cuya familia tenía certificado de calidad en cuanto a fertilidad (su madre había tenido 23 hijos y sus hermanas parían como “conejas”), pero claro, no había manera, nada, los años pasaban, el rey más debilucho y España sin heredero y los “buitres” rondando.
Mariana de Neoburgo
Es ahora cuando aparece otra historia rocambolesca.  Como estaba claro que el rey no podía ser estéril, se empezó a difundir la idea de que el rey estaba hechizado (ya sabéis ahora de donde viene el apodo), que había sido abducido por el propio diablo. Por esas que llegó a Madrid la noticia de un fraile asturiano que tenía probada fama de hablar con Satanás, tras exorcizar a unas mojas poseídas por este. Así que se trajeron al fraile y, claro está, este cercioró que el demonio era el culpable del encantamiento del rey, y que su mala salud se debía a un hechizo, así que desde entonces el débil monarca fue sometido a varios exorcismos, además de regarlo todo los días con agua bendita, a tomar en ayunas cucharas soperas de aceite “bendito”, a purgas con polvos de hueso de santo triturados, a meterle en la cama a reliquias, es decir, esqueletos o momias, de santos mártires, incluso le colocaban aves recién sacrificadas sobre la cabeza, entrañas de cordero sobre el abdomen, … Incluso, aprovechando que los restos de sus antepasados estaban siendo trasladados al nuevo panteón de El Escorial, se destaparon sus ataúdes y se celebró una ceremonia en la que los cadáveres de todos los Austrias, es decir, Carlos II, Felipe II, Felipe III y su padre, Felipe IV, y varias reinas, incluida su primera mujer, María Luisa, fueron siendo exhibidos ante el enfermo. Sería tal el poder, que sería imposible no “deshechizarlo”. Evidentemente, nuestro rey no se volvió fértil de la noche a la mañana, es más, la criatura no se recuperó jamás de la impresión que le produjo tan espantosa visión.
Así que el 1 de noviembre de 1700, el pobre Carlos II no pudo aguantar más y se despidió del mundo con apenas 38 años y un “marrón” gordo para España. Aunque no era costumbre, le practicaron una autopsia, en la cual, el forense comprobó, tras abrirlo en canal, que en su interior “no había una sola gota de sangre…el corazón era del tamaño de un grano de pimienta… los pulmones estaban corroídos y, los intestinos, putrefactos y gangrenados…tenía un solo testículo negro como el carbón…”. Resumiendo, una verdadera piltrafa humana.
Nada más morir, los “buitres”, es decir, Francia y Austria, propusieron a su propio candidato, que si Felipe de Borbón, conde de Anjou, o el Archiduque Carlos de Austria. Y el resto de potencias atentas...
Tras multitud de cambios, según el último testamento el heredero de todo era Felipe de Anjou. Claro está que Austria, a quien se le unió Inglaterra, Portugal, las Provincias Unidas (Holanda), Portugal, etc., no aceptaron tal designio. Y en España, Castilla apostó mayoritariamente por el francés y la Corona de Aragón por el austriaco. 
Consecuencia de todo aquel lío... se inició una trascendental guerra civil e internacional, la Guerra de Sucesión española, que traerá la llegada de los Borbones a la Corona de España y otras “cosillas” que ya iré contando...

jueves, 26 de marzo de 2020

La maleta de Sanjurjo


Seguro que todos conocemos el desenlace final de la Guerra Civil, cuando allá por el 1 de abril de 1939 se dictó el ultimo parte de guerra, aquel que decía “En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado” (lástima no poder transmitir el tonito radiofónico del locutor que comunicó dicho parte), con lo que se confirmaba la victoria del bando sublevado y el inicio inmediato de la dictadura militar y personal del general Francisco Franco, que en el transcurso de la guerra había tomado el mando del bando sublevado, tras ser nombrado Generalísimo del territorio bajo su control, la España nacional... esa España grande y libre, lo que le granjeó el apodo de Caudillo, a semejanza del Duce o del Führer… pero el nuestro por la gracia de Dios, todo sea dicho.
Pues resulta, que no era Franco, la persona en quien habían pensado los militares organizadores del golpe de Estado, para que los liderara una vez que hubiera triunfado el alzamiento, y se pusiera al frente del órgano de gobierno militar que se establecería una vez consumada la sublevación contra el gobierno de la República. ¡Sorpresa…Franco estaba detrás en las apuestas!
José Sanjurjo

Ese puesto, de futuro dirigente que “salvara” a España, lo ocupaba el general José Sanjurjo, prestigioso militar que en el momento del estallido de la sublevación se encontraba exiliado en Lisboa, por ya ves tú, poca cosa…simplemente por haber protagonizado otro golpe de Estado que había fracasado en el año 1932, al que incluso le dio nombre, la Sanjurjada. Se ve que el hombre era inquieto y no podía dejar el sable envainado (esto viene a que la frase “ruido de sables” se ha convertido en sinónimo de golpe de Estado o conspiración para llevarlo a cabo. No confundir con limpieza de sable). Pues resulta que, en su traslado desde Portugal a España para tomar la dirección del bando sublevado, falleció en un accidente aéreo en el momento del despegue y, es ahí, donde entra en juego la famosa maleta de Sanjurjo, verdadera protagonista de este relato, pero eso lo contaré un poco más tarde…esperarse un poco, que los hechos históricos hay que ponerlos siempre en su contexto, porque eso de descontextualizar un acontecimiento histórico es agua pasada…
Volviendo a Sanjurjo, este veterano militar se había fajado en “mil batallas”, nunca mejor dicho, empezando por la guerra de Cuba, donde acudió como teniente y salió como capitán. Ya se sabe que, en esa guerra, después de que los yanquis nos "dieran para el pelo", perdimos nuestras ultimas colonias, osease Cuba, Puerto Rico y Filipinas, además de provocar una tremenda desazón y tristeza en la opinión pública española…El Desastre del 98 lo llamaron. Pero como dice el refrán “una mancha de mora con otra se quita”, pues perdida Cuba, nos metimos en Marruecos, en realidad, un pequeño trozo al sur de Ceuta y Melilla, lo que será el Protectorado Español, que dará más de un quebradero de cabeza, sobre todo, en la zona del Rif donde un tal Abd el-Krim protagonizó una guerra de hostigamiento continuo contra los españoles. Se ve que los rifeños no querían ser culturizados y civilizados por los descendientes de Cervantes. Pues fue en la Guerra de Marruecos donde nuestro general Sanjurjo hizo carrera y se granjeó enorme prestigio, alcanzando el grado de general de División tras recuperar el territorio perdido tras el “Desastre de Annual”, una masacre donde miles de jóvenes soldados españoles perdieron la vida a manos de los rifeños del “trabajoso” de Abd el-Krim. En esas estamos, cuando en 1923 se produce el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera que da inicio a su dictadura para salvar a España (según decía el propio Primo de Rivera en su manifiesto "Al país y al ejercito" por el que anunciaba la sublevación) y que será apoyada sin ambages por el general Sanjurjo. Me preguntó yo ¿cuántas veces se ha salvado a España? cientos...menos mal que esa excusa ya no se utiliza en la política y ya no hay "salvadores".
En esta etapa se llevará a cabo uno de los mayores éxitos del Ejército español, el Desembarco de Alhucemas. Antes que el de Normandía, que se ha llevado la fama, los españoles hicimos un gran despliegue logístico y militar, y con acorazados y barcos-bañeras desembarcamos en las playas de Alhucemas a un potente ejército que derrotó rápidamente a las tropas de Abd el-Krim y logró pacificar el Protectorado tras décadas de inestabilidad (Parece ser que el general estadounidense Dwight Eisenhower, el que dirigió el desembarco de Normandía, estudió a fondo la táctica empleada por los españoles en Alhucemas para llevar a cabo su plan en las playas francesas. Copiones… ¿a qué eso no se sabe?). Pues bien, ¿adivináis quién era el jefe de operaciones del desembarco de Alhucema?... Bingo! Nuestro general Sanjurjo, que por ello fue nombrado alto comisario de España en Marruecos, es decir, quien partía la pana en Marruecos e, incluso, años más tarde, el rey Alfonso XIII le concedió el título de marqués del Rif.
Desembarco de Alhucemas
Al poco tiempo, es nombrado director general de la Guardia Civil, que simultanea con el de mandamás en Marruecos. Por cierto, imaginarse las estrellas que estaba acumulando este general, que ya no le cabrían en el pecho y qué influirán más adelante en nuestra historia.
En estas estamos que cae la dictadura de Primo de Rivera y, Alfonso XIII no piensa en él para suceder al dictador jerezano. Parece ser que este hecho no le sentó nada bien a Sanjurjo, ya que endiosado como estaba, se consideraba el mejor preparado, por lo que guardó cierta inquina al tatarabuelo de nuestro actual rey.
En un intento de frenar el descrédito de la monarquía y lavar su apoyo a la dictadura, el Rey convoca unas elecciones municipales para el 12 de abril de 1931, la cual, los partidos republicanos las habían interpretado como un referéndum entre Monarquía y República. Cuando empiezan a llegar los primeros resultados de las grandes ciudades, es clara la victoria republicana (cuando se contabilice todo, habrá más votos monárquicos que republicanos). No obstante, ante estas primeras noticias, la gente se lanzó a la calle a celebrar el éxito de los partidos republicanos y el director general de la Guardia Civil, ya sabéis, Sanjurjo, confirmó la neutralidad de la Benemérita para evitar cualquier altercado, por lo que Alfonso XIII consideró que ha perdido el apoyo de la población española y decidió exiliarse. Ahí la llevas Alfonso, me imagino que diría Sanjurjo (esto es cosecha mía). Este hecho hizo que se ganara el favor de los nuevos dirigentes una vez que se proclamó la Segunda República, por lo que fue confirmado en su cargo de director general. Pero desde muy pronto, empezó a tener encontronazos con el nuevo régimen republicano, eso de darle autonomía a Cataluña, no le sentó bien, pero, sobre todo, lo que provocó su desconexión con la República fueron las reformas militares de Azaña, con la jura de fidelidad al régimen o la reducción de oficiales y de efectivos en el ejército. Además, si algo caracterizó la II República fue por la radicalización e inestabilidad llevada a cabo por los extremismos, así varios guardias civiles fueron asesinados en diferentes sucesos por la geografía española, como en Arnedo o Castilblanco, lo que llevó a Sanjurjo a empezar a organizar un golpe de Estado para acabar con la joven República, y fue en Sevilla donde en agosto de 1932 se sublevó nuestro general…por ¡España…única e inmortal! (como terminaba su manifiesto) Pero se ve que la cosa no estaba muy bien organizada y dicho alzamiento, que ya sabéis se llamó la “Sanjurjada” terminó en un estrepitoso fracaso, por lo que Sanjurjo fue encarcelado, eso sí, tras ser detenido en Ayamonte para huir a Portugal. Como cabecilla del golpe, fue juzgado y condenado a pena de muerte, que sería después conmutada por el presidente de la República, Alcalá Zamora, por cadena perpetua. En estas estamos, cuando en las elecciones de 1933, las primeras en las que votarán las mujeres en la Historia de España, ganan los partidos de centro-derecha (si… en la República hubo una etapa en la que gobernó la derecha…es lo que tiene la democracia, que gobierna quien consigue la mayoría parlamentaria, sea de la ideología que sea). En esta etapa se discutió mucho si indultar a Sanjurjo o no, y como no había acuerdo, terminó exiliado en Portugal. Allí estaba cuando en febrero de 1936, en las terceras elecciones generales de la República, va y gana una coalición de partidos de Izquierdas llamada Frente Popular, nada que a los españoles les dio por votar libremente y mira lo que paso…  Desde ese mismo momento, un grupo de generales liderados por Emilio Mola empezaron a conspirar para preparar un golpe de Estado que acabara de una vez por todas con la República y, como decía al principio, el general Sanjurjo tenía reservado el papel de máximo dirigente del gobierno que se estableciera tras el triunfo del alzamiento. Mola, verdadero organizador del golpe, de hecho, lo llamaban el Director, lo tenía previsto para noviembre del 36, pero una serie de sucesos lo precipitó a mediados de julio, así el 17 de julio se inició en Marruecos y el 18 lo hizo Franco en Canarias y el alzamiento se extendió por toda España.
Por fin llegamos a la historia de la maleta. Como el golpe no terminó de fraguar en la mitad de España y Sanjurjo estaba en tierras lusas, se mandó una avioneta a Portugal para que recogiera al general y lo llevara a Burgos, que era la base de operaciones del bando sublevado. En esa estamos cuando el 20 de julio de 1936 una avioneta De Havilland DH.80 Puss Moth, de fabricación inglesa, pilotada por el monárquico y falangista Juan Antonio Ansaldo, aterriza en el aeropuerto de Santa Cruz, cercano a Lisboa.
Sanjurjo antes de despegar en Portugal

A la mañana siguiente, con algo de niebla, el piloto despega y aterriza en un llano de hierba verde cerca de Cascaes, donde lo espera el general rodeado de fervientes correligionarios que quieren asistir al histórico momento y a despedir al futuro dirigente de la nueva España. El aviador, el tal Ansaldo, observa la abultada maleta que a duras penas arrastra el asistente del general…imagínense con todas las medallas acumuladas en tan dilatada carrera militar. Así que le objeta a dicho asistente que la avioneta va cargada de gasolina, además, la pista es corta y termina en un bosque de árboles y, para más inri, el general no es una sílfide, sino que se ve que está bien alimentado…se ha “hartado” de bacalao en Portugal. Imagínense los gritos del asistente de Sanjurjo recordándole al piloto que delante tiene a uno de los generales mas laureados de España y no querrá que llegue a Burgos sin sus uniformes, sables y todas sus medallas y medallones cuando haya que celebrar la victoria. Los gritos llegarían al cielo, así que el piloto asiente y se resigna y acomoda el maletón como puede en la pequeña avioneta y ayuda a subir a Sanjurjo, ya que la agilidad no era su fuerte. Inmediatamente, Ansaldo inicia la maniobra de despegue, acelerando al máximo el motor y tras alcanzar la potencia deseada la avioneta se eleva, pero no lo suficiente…se escuchan gritos de mujeres, algún ¡ostia¡… por lo que choca con las copas de los árboles que hay al final del llano, pierde la estabilidad y se estrella contra un cercado de piedras. Sanjurjo muere en el acto y el piloto sale gravemente herido.
En la capilla ardiente que se improvisó en Lisboa…entre sollozos y lamentos, un fiel correligionario de la sublevación grita: “¡Sanjurjo ha muerto! ¡Viva Franco!” Y acertó…pues desaparecido Sanjurjo, Franco tuvo el camino libre para tomar el mando de la sublevación… camino que se convirtió en autovía cuando los otros personajes que podían hacer sombra al futuro caudillo, morían poco tiempo después, tanto el general Emilio Mola, en un accidente de aviación por motivos “extraños” y José Antonio Primo de Rivera, líder e la Falange Española de las JONS, quien moría ejecutado en Alicante, tras frustrarse un posible intercambio con políticos republicanos detenidos en territorio nacional…curioso ¿no? Como decían los moros con los que siempre se rodeó Franco (acordarse de su "guardia mora", el caudillo poseía "Baraka", es decir, una especie de bendición divina o estrella que le guiaba). Lo cierto es que,, Baraka o no, por una simple maleta y otras "cosillas" Franco se quedó con el terreno despejado y ya sabéis lo que paso… o no.

martes, 24 de marzo de 2020

Ya pagará el francés el vino que se bebió


La frase o dicho: “Ya pagará el francés el vino que se bebió”, se utiliza, hoy en día, para afirmar, sentenciar o predecir que alguna afrenta, injurio, agravio, ultraje, ataque, engaño, ofensa,… será debidamente recompensada, cobrada, vengada, satisfecha, reparada… por parte del “agresor” al agredido, injuriado, agraviado, ultrajadado, ofendido… (la variedad de conceptos sirve para catalogar las distintas afrentas que pueden ser utilizadas con este dicho y para mostrar la riqueza léxica de nuestro idioma).
Los orígenes de esta frase se remontan a la Guerra de la Independencia, cuando los gabachos, mejor que franceses en este caso, ya que así se llamaba y se llama aún de forma despectiva a nuestros vecinos al norte de los Pirineos, invadieron España allá por 1808 (otra historia sería explicar el engaño utilizado por Napoleón para invadir España ante la panda de ineptos que nos gobernaban por entonces…menos mal que ahora eso ha cambiado). Esa guerra, trascendental en la evolución histórica de nuestro país, tiene multitud de hechos, hazañas, asedios, victorias y derrotas, y otros acontecimientos plasmados en multitud de libros de historia, cuentos populares, cuadros (seguro que alguna vez habéis visto el cuadro de Goya del “2 de mayo”, aunque el nombre correcto es “La carga de los mamelucos”), y que hoy en día se conmemoran en todo tipo de festividades por infinidad de pueblos de nuestra querida España, esta España mía, esta España nuestra, … como cantaba Cecilia (¿a qué estáis tatareando el estribillo?).
Pues resulta que los franceses, además de pasar a cuchillo a muchos españoles y de estar durante seis años ocupando nuestra bendita tierra, se dedicaron a aprovecharse de nuestros recursos agrícolas, ganaderos, mineros, … Sirva como por ejemplo que no quedó un tonel de vino lleno allí por donde pasaba el ejército francés, que se lo digan a la gente Montilla o del Campo de Jerez. Precisamente en la provincia gaditana, en el asedio francés a la ciudad de Cádiz, la única ciudad que nunca pudieron tomar por su singularidad geográfica y por la ayuda de la flota inglesa, todo sea dicho, los gabachos instalaron uno de sus campamentos de campaña en lo que hoy se llama “el pinar de los franceses” cerca de Chiclana, y desde allí hostigaban infructuosamente la tacita de plata como ya se ha dicho (es que los gaditanos tienen un par) y visitaban entre asedio y asedio las tabernas de la zona. Además, muchos franceses, sobre todo oficiales, se instalaron en casas de españoles de los pueblos cercanos a Cádiz. Imagínense al gaditano de la época teniendo un francés en su mejor alcoba y teniendo encima que servirle con sus pobres recursos, el poco pan y el poco vino que tenían, o a los taberneros, sirviendo vino de Jerez, que parece que les gustó bastante y mucho a los gabachos, quienes se aficionaron mucho al fino y se pusieron más de una vez “finos”, sin pagar el euro de la época a cambio, si acaso una insignificante limosna. Mientras peor les iba en Cádiz, más acudían a las tabernas, desde antiguo el pesar se ahoga en vino. Pues parece ser que fueron esos taberneros, asqueados del abuso de los gabachos, aunque serviles y callados (no tenían ganas de morir ahorcados) quienes empezaron a mascullar la frase “ya pagará el francés el vino que se bebió…”
Asedio a Cádiz

Pero no solo fue vino lo que los franceses esquilmaron en aquella guerra, y es que a pesar del sentimiento de superioridad que sentirían los gabachos de la época por ser los precursores de la Ilustración y su valores, por haber acabado de un plumazo, mejor dicho, de un guillotinazo  con la monarquía absoluta de Luis XVI, por ser la vanguardia artística de la época y por poseer media Europa, resulta que sentían verdadera admiración por el arte español, y si bien tratarían con desdén al españolito de turno, resulta que conocían muy bien a Murillo, Velázquez, Zurbarán,… así que ya que habíamos sido unos generosos huéspedes abriéndoles las puertas de par en par y dándoles nuestro mejor vino, por que no se iban a quedar con nuestro patrimonio artístico y así fue que, los años de la Guerra de la Independencia, fueron los años del mayor expolio y saqueo que nunca hayan sufrido las obras de arte en España. Conste también, que la orfebrería y la joyería también fue muy apreciada por los gabachos, pero ya se me alarga mucho el artículo.
Resulta que antes de que comenzara la Guerra de la Independencia, Napoleón endiosado como emperador, había proyectado la creación de un gran museo en París (en aquel entonces se llamaría Museo Napoleón, pero con el tiempo se llamará Museo del Louvre, ¿a qué os suena?) y llevaba años saqueando patrimonio artístico por media Europa…e incluso Egipto, para eso, solo tenéis que pasearos tranquilamente por los inmensos salones del museo el Louvre para poder llegar a calcular lo que los franceses saquearon y expoliaron durante aquella época o contemplar el majestuoso obelisco que hoy día preside la Plaza de la Concordia en París, y que procede del templo de Lúxor. Ese Museo debía de ser una gran pinacoteca que albergara los grandes tesoros del mundo, cuyos atrasados e incultos pueblos, los habían mal conservado y nunca suficientemente valorado, por lo que para eso estaban ellos, los más ilustres gabachos para recogerlos amablemente y presentarlos al mundo.
Napoleón, que había “colocado” a su hermano en el trono de España, el ilustre José I Bonaparte (más conocido por los españoles como Pepe Botella), uno de los "encarguitos" que le había encomendado a su hermano era recopilar obras de arte para mandarlas a París y completar el dichoso museo napoleónico. Lo primero que hizo Pepe Botella es suprimir las ordenes religiosas mediante Real Decreto, por lo que todos sus bienes, obras de arte, joyas, terrenos, edificios pasaban al Estado, es decir, al Bonaparte que teníamos como rey. Mucho Pepe Botella, pero tonto no era... Incluso copiando a su hermano, ya que se iba a requisar miles de obras de arte, José I también proyecto crear un museo en Madrid, el Museo Josefino, para deleite de los españolitos y así poder ganarse, poco a poco, el favor de estos, que no olvidemos que entre medias estaban en guerra.
Lo cierto es que a raíz de ese decreto se llevó a cabo un gran expolio artístico. En Sevilla parece ser que se robaron, perdón, se requisaron casi mil obras de arte, que fueron almacenadas en el Alcázar, con la intención de trasladarlas a los museos de París y Madrid, pero, muchas de las cuales…casualidad, se perdieron en el camino.
Este expolio fue muy bien aprovechado por oportunistas y especuladores de la época, como el marchante Frederic Quillet, encargado de inventariar las obras artísticas para el Museo Josefino, pero que, entre obra y obra, “soplaba” alguna para su colección privada y posterior venta, como la famosa “Venus del Espejo” de Velázquez, siendo tal el descaro, que fue cesado de su cargo. Entre los caraduras expoliadores destacan los propios generales del ejército francés, como D’Armagnac, Sebastini, Murat, … pero, sin duda alguna, el primer premio se lo lleva el mariscal Soult,
"Inmaculada de Soult" de Murillo
que incluso da hoy nombre a una famosa Inmaculada de Murillo, la “Inmaculada de Soult”, que afortunadamente se expone hoy en El Prado. Este mariscal, sin escrúpulos y vergüenza, atesoró una espectacular colección privada, sobre todo, de artistas italianos de quienes era muy aficionado la criaturita, que fue mandando regularmente a su esposa en Francia (muchas de las cuales serían de las perdidas en el Alcázar de Sevilla) y que se exhibió, muy orgullo él, en su palacete parisino y en su castillo de Soult-Berg.
Cuando hacia 1813, los franceses empezaron a perder terreno en España ante el avance de las tropas anglo-españolas, a José I no le quedó otra que huir, siendo frenado en Vitoria, donde para salvar el pellejo tuvo que dejar los centenares de lienzos que llevaba consigo. Resulta que el General inglés Wellington, que derrotó a los franceses en Vitoria, encontró las pinturas, grabados, dibujos, dejados por el Bonaparte y las mandó a Inglaterra. Tras ser catalogados y comprobarse que la mayoría pertenecían a las colecciones reales españolas, el general británico decidió restituirlos a España. Pero resulta que para entonces ya teníamos al felón en el trono, al zopenco de Fernando VII, y este no tuvo otra cosa que regalarle al inglés tal valiosísima colección de pinturas, entre las que destacan tres cuadros de Velázquez, como el “Aguador de Sevilla”, que se exhiben hoy en día en el Museo de Wellington, en la “Apsley House” de Londres.
"El aguador de Sevilla" de Velázquez

Lamentablemente, muchas obras de arte se perdieron y hoy cuelgan de las paredes de museos foráneos, otras se recuperaron.
Tras seis años de guerra, los españoles conseguimos “echar” a los franceses (aunque nos devolvieron a Fernando VII, que mejor hubiera sido que hubiera seguido en Francia bebiendo y jugando al billar tranquilo mientras los españoles lucharon para expulsar a los franceses), así que se pagó parte del vino que se bebieron. Aunque la mejor “venganza” nos la hemos tomado más recientemente, gracias a ciclistas como Perico Delgado, Alberto Contador, Miguel Indurain, … o a tenistas como Bruguera, Moya y, sobre todo, el gran Rafa Nadal, muchos “maillots” amarillos y “copas de los mosqueteros” cuelgan hoy en vitrinas españolas…tarde, pero el francés acabó pagando el vino que se bebió…

domingo, 22 de marzo de 2020

Una guerra por una oreja


Nunca una oreja ha resultado ser tan importante en la política internacional como el pabellón auditivo cercenado por un español a un hijo de la Gran… Bretaña, con el resultado de un conflicto bélico entre nuestro orgulloso país y la “pérfida Albión” (entiéndase Reino Unido), nombre que parece ser se lo puso Napoleón por el enorme cariño que tenía a los vecinos de más allá del Canal de la Mancha. 
Como se sabe, los “British”, además de birlarnos Gibraltar y Menorca (la isla por lo menos conseguimos recuperarla, pero el Peñón y sus monos, ha sido imposible), tras una guerra civil (una de tantas que hemos tenido, ya que para matarnos entre nosotros mismos hemos sido los mejores… menos mal que ya hemos aprendido…), que hubo a principios del siglo XVIII, la llamada Guerra de Sucesión española, se quedaron también gracias al famoso Tratado de Utrecht, con el negocio más lucrativo del siglo XVIII, el “asiento de negros”, lo que viene siendo el tráfico de esclavos desde África a América. Eran otros tiempos, y los pobres africanos los tratábamos como puras mercancías, no como ahora, que nuestra humanidad occidental nos precede.
Los ingleses, además de “cazar” negros en África y llevarlos para que fueran explotados y vejados en las plantaciones americanas, aprovechaban el viaje y también “trapicheaban” con las colonias españolas de las Indias (así se llamó siempre en España a América y sólo a mediados del siglo XIX empezó a generalizarse el término actual). Un imperio como el británico no se construye siendo benevolente con el prójimo.

En esas estamos, cuando hacia 1732, un barco inglés fue apresado en América, perdón, en las Indias, por un barco guardacostas español, la “Isabela”, cuyo capitán, Juan León Fandiño, no se quedó satisfecho con confiscar el navío y la carga al inglés, parece ser que le cortó una oreja a su capitán, Robert Jenkins (hay historiadores que discrepan de la certeza de este incidente, y si pudo haber sido en una reyerta de taberna caribeña, ya que al capitán inglés, sorpresa, sorpresa!...le gustaba bastante empinar el codo). Además, el marino español no contento con tal afrenta, se dirigió a la oreja cercenada (me imagino el tono sarcástico y burlón) diciéndole: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”.
Robert Jenkins enseñando su oreja al Primer Ministro

Parece ser que el contrabandista apreciaba tanto su oreja, que la conservó, supuestamente, en un tarro (si era en almíbar u otro líquido no ha trascendido), y años más tarde, la mostró ante la Cámara de los Comunes como la prueba de la crueldad de los españoles. Me imagino que algún político inglés de la época tenía ganas de jaleo y encontró en la oreja la excusa perfecta, y toda apunta a el propio primer ministro, Robert Walpole. Lo cierto es que el primer ministro se vio obligado a declarar la guerra a España, la cual ha pasado a la historia como la Guerra de la Oreja de Jenkins o del Asiento.
Como en todo conflicto bélico, aunque las banderas y cruces o medias lunas vayan por delante. siempre hay unas razones económicas y, en este, eran las primordiales, pese a la anécdota orejil.
Ya se ha dicho que en Utrecht al Reino Unido se le concedió el “asiento de negros” (ya veis de donde deriva el otro nombre del conflicto), además de otros beneficios comerciales, como el “navío de permiso”, por el cual, a los ingleses se les permitía, una vez al año, enviar a la América española un navío para contrabandear, perdón, para comerciar libremente en dicho territorio hispánico. Ese “permiso”, se convirtió en un negocio muy lucrativo, sobre todo, para la compañía inglesa que lo llevaba a cabo, la Compañía de los Mares del Sur (una de las compañías privilegiadas que creó el Reino Unido para comerciar en su vasto imperio que se estaba gestando por entonces), ya que, entre permiso y permiso, colaban productos ingleses de contrabando. Decir que en Utrecht ese navío de permiso tenía una vigencia de 30 años, por lo que temiendo que lo españoles no prorrogaran dicho permiso, los ingleses buscaban desesperadamente una excusa para doblegar a los rudos españoles y romper el monopolio comercial con América (eso de buscar y crear excusas para entrar en una guerra no lo inventó EE.UU. con el Maine, es más antiguo que las chanclas de Ramsés II). Y, por si fuera poco, los españoles respondieron ante ese “pirateo” inglés, dando el visto bueno a la creación de buques “guardacostas”, con la autorización de confiscar cualquier mercancía de contrabando en territorio español de las Indias. Eso a los descendientes de Enrique VII no les hizo mucha gracia, como si les negaran otro divorcio al Tudor, por lo que la cercenada oreja, se convirtió en ese motivo ansiadamente buscado para declarar la guerra a España, de tal manera, que en 1739, con el objetivo principal y cristalino de liquidar el monopolio comercial español (en esa época las colonias solo podían comerciar con sus metrópolis, es decir, con el país colonizador, por los que los “British” no podían vender sus “fish and chisps” en la Habana o Buenos Aires). Con ese objetivo, la Royal Navy (lo que viene siendo la Armada Real británica) envió una escuadra a las Indias españolas, según cuentan, la más grande que nunca había cruzado el Atlántico, dedicándose principalmente a hostigar, es decir, a dar por saco, a los puertos españoles del Caribe. En una de esas campañas de hostigamiento, el almirante inglés que comandaba la flota británica, que ya hemos dicho que era un flotón, intentó atacar el puerto de Cartagena de Indias, en la actual Colombia, pero mira por donde, el inglés se encontró allí con el ingenio militar del marino guipuzcoano Blas de Lezo (personaje no suficientemente reconocido en España, aunque hoy dé nombre a una fragata) teniente general de la Armada española, que tuerto y con “pata” de palo incluida, llevó a cabo una magistral estrategia defensiva que hizo fracasar a la flota británica, al “flotón”. ¡Buena revancha por lo de la Invencible!
 
Blas de Lezo. Museo Naval de Madrid
La guerra continuó, siendo muy costosa e improductiva para ambos bandos, así que cansados de tanto guerrear, por el momento claro, se firmó el Tratado de Aquisgrán en 1748, por el que, prácticamente, las tierras conquistadas por el “flotón” retomaron a manos hispanas, lo que viene siendo “ni pa’ ti ni pa’ mí, lo dejamos como comenzamos”, para ello queda mejor utilizar el término latino, es decir, se volvió al statu quo previo… pero ganamos a los puntos…es decir… ¡Victoria de España! (aunque sea por la mínima, así hemos ganado un mundial y no nos veremos en muchas de esas, después vendría Trafalgar). La de Cartagena de Indias está considerada la mayor derrota en la historia de la Armada británica, la mencionada “Royal Navy”.

viernes, 20 de marzo de 2020

Un pene en el devenir de España

¿El tamaño importa? 
Si la respuesta se basa en el pene de Fernando VII, el rey felón, es claramente que si, puesto que nunca antes, el devenir histórico de España estuvo pendiente de un hilo, mejor dicho, de un pene...mejor dicho, de un "penazo" o "penón", disculpadme de antemano los lectores sensibles, palabras, por otro lado, que no existen y, por tanto, ni siquiera recoge la RAE, lo que puede denotar la tendencia española al genital diminuto.
Fernando VII y cetro

Pues resulta que el mastuerzo de Fernando VII, tenía un "pequeño" 
 problema (el adjetivo pequeño se refiere a la gravedad del problema, no al tamaño) entre pierna y pierna, parece ser que tenía una "pequeña" deformidad, conocida como "macrosomía genital". Si extendemos cualquiera de nuestro brazos y cerramos el puño podemos llegar a comprender la magnitud de tal "problema". Lo explicó muy bien el escritor francés Prosper Merimeé:“Fino como una barra de lacre en la base, y tan gordo como el puño en su extremidad; además, tan largo como un taco de billar”. Con tanto "resto" monárquico embalsamado, de algún que otro militar, y más de alguna reliquia de santo de origen genital, pues resulta que no hay constancia que el "miembro" más importante de los Borbones haya pasado incólume a nuestros días. Una lástima!
El problema se agrandó...mejor dicho, se intensificó al incidir seriamente en la labor más importante y primordial de todo monarca, es decir, en la tarea de procrear. 
Casado hasta cuatro veces, podría ser que algunas de sus esposas pudiera haber fallecido por los daños internos causados por tan considerable "cetro" real, o por el terror provocado por tan gigantesca visión, como cuentan que le pasó a su tercera esposa, la princesa alemana María Josefa Amalia de Sajonia, que huyó despavorida en la noche de bodas y sufrió pesadillas durante los diez años de matrimonio ante aquella terrorífica primera visión.
Así, tras con algún que otro aborto y algún fallecimiento prematuro, seguía sin haber descendencia que heredara tan vastos territorios y tan enorme responsabilidad, por lo que Fernando VII se casó por cuarta vez, con su sobrina María Cristina de Borbón y Dos Sicilias, en 1829, contando el mastuerzo con 45 años, y con serios problemas de salud, añadidos al conocido del miembro real.
En estas estamos, cuando una mente brillante (lástima que no existiera premios Nobel por aquella época), creo una especie de almohada-cojín con un orificio en el centro, que sirviera de "tope" o tapón en el acto conyugal.
Añadir leyenda
Mira por donde,que gracias a la genialidad nunca reconocida de aquel adalid de la ciencia, de la tecnología marital y de la casa borbónica, María Cristina (Si, por si os lo estáis preguntando, es la de la canción "María Cristina me quiere gobernar", pero eso es otra historia) se quedó embarazada, dando a luz a una "hermosa" niña, la entonces infanta Isabel y, por si acaso,el cojín-almohada cumplió una segunda vez, y poco después nació la infanta Luisa Fernanda.
Por aquel entonces, existía una ley en España que impedía a las mujeres reinar, la llamada "Ley Sálica", por lo que a pesar de haber costado décadas y 4 reinas tener descendencia, se planteaba otro grave problema. ¿Quién debía ser el heredero/a? 
El hermano de Fernando, Carlos María Isidro, era según la Ley Sálica, el legítimo heredero, por lo que Fernando VII, como padre orgulloso de su tan ansiado retoño, aprobó una ley que derogaba dicha Ley Sálica, vaya lío, ¿no? "La Pragmática Sanción", a partir de la cual, la infanta Isabel podría reinar. Pasa además, que por aquellos años, la España bipolar que tanto se manifiesta en la Historia de nuestro país, entiéndase la Guerra Civil o Madrid-Barca, estaba dividida entre absolutistas y liberales, lo que había costado más de un golpe de Estado (en el siglo XIX lo llamaban pronunciamientos) y más de una crisis política-económica a los pobres españoles, siempre pagadores de los litigios de sus gobernantes. Así, que la temprana muerte de Fernando VIII en 1833 va a traer una guerra civil entre los partidarios de Isabel y los partidarios de su tío Carlos, a los que se van unir liberales y absolutistas respectivamente, es la conocida Primera Guerra Carlista, pero eso es ya otra historia...