En
1918, hace prácticamente un siglo (vale… 102 años), la humanidad sufrió la
mayor pandemia que se haya conocido y registrado hasta entonces, ya que pudo
causar más de 50 millones de víctimas (han habido epidemias o pandemias más catastróficas a lo largo la Historia, como la "peste negra" de 1358, pero aunque afectaron mucho más en porcentaje, tuvieron menos cifras cuantitativas por la menor población de la humanidad en aquellos entonces), por lo que como decía, esa pandemia de 1918 se considera la que más víctimas provocó... y, manda narices, que se le conozca, de
forma errónea y torticera, como la “gripe española” (¿quién sería el
“lumbreras” que la bautizó así?, un antiespañol… seguramente de Venezuela o
Cuba…o quizás un yanqui, ya que fue en EE.UU. donde se inició la enfermedad).
En
ese año, 1918, el mundo seguía enfangado en una de las guerras más cruentas e
innecesarias de la Historia (si es que hay guerras necesarias), la Primera
Guerra Mundial o la Gran Guerra, como se le conoció entonces, que desde
el verano del 14 había arrebatado la vida de millones de jóvenes en las
inhumanas trincheras se se extendían por cientos de kilómetros en los frentes.
Parece
ser que el virus H1N1, mejor que llamarlo el “bichito” de la
gripe española, se detectó por primera vez en Estados Unidos, en Fort Riley
(Kansas) el 4 de marzo de 1918, un campamento militar donde se estaban
preparando los soldados estadounidenses para mandarlos inmediatamente a luchar
en la Gran Guerra. No obstante, hoy en día, está aceptado por la comunidad
científica internacional, que ya en el otoño de 1917 se había producido una
primera oleada de esta gripe, también en campamentos militares de adiestramiento de soldados.
Y
es que, en abril de 1917, EE.UU. había entrado en la referida guerra mundial,
del lado de los “aliados” y, desde entonces, estaba organizando el
desplazamiento a Europa de millones de soldados. Desde ese 4 de marzo, el virus
empezó a extenderse rápidamente, afectando a cientos de soldados en pocas
semanas, lo que hizo al propio presidente estadounidense, Woodrow Wilson,
plantearse el envío de tropas a Europa para no propagar la epidemia, pero claro…
eso podría perjudicar mucho a la moral de las tropas aliadas en el frente, por
lo que Wilson desechó su idea inicial y mandó a miles de soldados infectados a
Europa.
Los
soldados norteamericanos entraron en el viejo continente por la ciudad francesa
de Brest, donde inmediatamente se empezaron a detectar casos de contagios.
Además, estos bichitos son muy “cabroncetes” y tienden a mutar, lo que les
convierten en más peligrosos y letales, y eso fue lo que hizo nuestro amigo, el
N1H1, nada más pisar tierra francesa en el verano de 1918.
Y
claro, estamos en un año crucial en la guerra, se estaba decidiendo su final (terminaría,
de hecho, en noviembre de ese año), con movimientos de tropas de
norte a sur, de este a oeste, con la población desnutrida por los durísimos
años de guerra, con carencia de medicamentos… así que en ese ambiente, el N1H1
estaba como “Pedro por su casa”, por lo que, de epidemia se pasará a pandemia,
aunque no existiera la OMS para catalogarla como tal (menos mal que ahora
existe este organismo internacional y ha sido super resolutivo a la hora de
frenar el Covid-19. ¡Qué sueldos más bien pagados los de sus miembros!).
Así
que desde Francia el virus se expande aceleradamente por el Reino Unido,
Italia, Alemania, … pero claro, estos países están en guerra y lo que menos
necesitan sus tropas son noticias sobre una pandemia que pueda bajar la moral a
los insensatos jóvenes que siguen “saltando” la trinchera efusivamente por su
“patria”, para morir ametrallados… como buena partida de póquer que está a punto de terminar cualquier gesto de debilidad puede ser la ruina...así que, en estos países, se impone una
censura férrea que oculta la expansión de la enfermedad y sus letales
consecuencias. Hasta se suspendieron ofensivas militares por la extensión de la
gripe, pero todo eso pasó desapercibido. ¡No se supo nada de nada!
Y
mira por donde, a uno de los pocos países neutrales a los que llega la pandemia
es a España, cuya prensa empieza a publicar noticias sobre una nueva
gripe contagiosa que se está extendiendo rápidamente, pero vaya, poca cosa, un
resfriadillo y poco más… El 22 de mayo de 1918, el diario ABC publicó en
portada la aparición de una enfermedad parecida a la gripe, pero con efectos
leves. ¿Y qué os parece este titular?: "Falsos rumores de alarma",
pues así titulaba el periódico El Sol el miércoles 29 de mayo de 1918,
además de quitarle importancia a la “gripe de moda” en el desarrollo de la
noticia. ¿a qué os suena la canción?
![]() |
| Portada el diario "El Sol" |
Así
que como es España donde se empieza hablar, sin tapujos, del bichito N1H1, pues
premio, y como todavía faltaban décadas para el estreno de la “Guerra de las
Galaxias”, en la cual ese nombre, ya sabéis...N1H1, hubiera tenido más tirón, pues a la pandemia se
le empezó a llamar “gripe española” y así ha pasado a la
posteridad.
En
España, como ya he dicho, el bichito se tomó al principio a la ligera,… incluso,
con un poco de humor, así, a la enfermedad se le empezó a denominar en los
ambientes cupleteros y de zarzuela de Madrid como el “Soldado de Nápoles”,
por una canción de éxito de la época (el nº1 de los 40 si hubieran existido
entonces), que sonaba en la famosa zarzuela “La canción del Olvido”, y que
también era muy “pegadiza” (¿entienden ahora la broma?).
Aquel
virus, como el actual, no entendía de fronteras ni de clases, y tanto el rey
Alfonso XIII y el jefe de Gobierno, Manuel García Prieto, enfermaron a causa
del dichoso bichito.
¿Y el Gobierno? Pues desconectado e improvisando… ¿os
suena? Conforme fue aumentando drásticamente el número de infectados y, el dramático
numero de fallecidos, empezaron a tomar medidas… como en el resto de países del
mundo, porque la improvisación no es patrimonio hispánico y de eso se surte mucho
la política. Eso sí, cada país actuando uno por su cuenta, e insolidarios unos con otros… ¿os suena también?
A
diferencia de otros virus conocidos hasta la época, este N1H1 afectó
mayoritariamente a adultos sanos entre los 20 y 40 años, más que a niños y
ancianos. Los pacientes desarrollaban fiebre y problemas respiratorios y, como
en aquella época, los conocimientos médicos no eran los actuales y los recursos
eran escasos y rudimentarios, los médicos aplicaron en la mayoría de casos
remedios caseros y tradicionales, como sangrados, oxígeno, ingesta de aspirinas
en grandes cantidades (la Bayer, me imagino, se forraría), incluso, hubo
oportunistas que recetaban remedios milagrosos, o quien animó a fumar, porque
el humo podría matar al virus… pero lo cierto es, que como el actual “bichito”,
no existía ni cura ni vacuna…así que la letalidad fue creciendo hacia cifras
alarmantes.
Con
retraso, los Gobiernos empezaron a tomar medidas para contener la expansión de
la enfermedad, pero… ¡sorpresa! … llegaron demasiado tarde, cuando ya el virus
se había expandido por todos lados, aun así, se empezaron a suspender celebraciones
o actos que acarrearan concentración de personas, como las ceremonias religiosas,
fiestas populares, las pocas actividades deportivas que había (La Liga no se
pudo suspender porque no existía aún, aunque ya había locos dándoles patadas a
una pelota), se cerraron escuelas, teatros, fábricas, los transportes públicos
,… incluso, se empezaron a ver gente con mascarillas por las calles, sobre
todo, en los centros sanitarios… curioso, ¿verdad? ... pues sí, la historia se
repite, y lejos de aprender, incidimos en los errores.
En
cuanto a las cifras de esta pandemia, que duro tres años (1918-1920) ya que hubo
varios brotes, se ha considerado, tradicionalmente, que pudo provocar entre 40
y 50 millones de víctimas en todo el Planeta, aunque estudios más recientes
consideran que pudo llegar a los 100 millones, ya que en muchos países subdesarrollados
no se contabilizaron los fallecidos, ni disponían de servicios sanitarios para
contabilizarlos de manera fidedigna. El número de fallecidos pudo rondar entre
un 10% y 20% de los infectados, aunque varió mucho de un país a otro, sobre
todo, en función del desarrollo socioeconómico. Hubo islas del Pacífico que llegaron a perder
al 90% de su población o, en China se estima que murieron 30 millones de
personas, con un 40% de mortalidad entre los infectados.
En
España, que fue uno de los países europeos más afectados, las cifras oficiales
hablan de casi 148.000 víctimas en 1918, llegando a los 200.000 fallecidos en
los tres años de pandemia, No obstante, un reciente estudio publicado en 2008 por
Antonio Trilla, médico epidemiólogo del Hospital Clínico de Barcelona, asegura
que la mortalidad pudo alcanzar la cifra de 260.000 personas, lo que supone
prácticamente el 1,5% de la población total de España en 1918-1919, que apenas
llegaba a 20 millones.
La
“gripe española”, no se puede comparar con el actual Covid-19 o Coronavirus porque,
por un lado, son enfermedades distintas (no insisto más por ese camino que me
pierdo y me puedo meter en un charco grande) y, por otro lado, más importante
aún, los conocimientos y avances médicos de entonces no son los de ahora y el
sistema sanitario actual es infinitamente superior al de hace un siglo.
Eso
sí, sigue habiendo incívicos que no respetan las medidas establecidas por las
autoridades y… los políticos, hoy igual que hace un siglo, no están a la altura…
los que nos gobiernan parecen sobrepasados, improvisando y llegando siempre tarde,
y cuando no, se contradicen… y la oposición, pues a sacar rédito electoral y
crear incertidumbre…y desleales todos.
Esperemos que en el futuro próximo este Covid-19 sea una pesadilla de mal gusto, que nos aguó la primavera de 2020 y, como la de 1918, ni aquella era española, ni esta es china, porque vivimos, para bien o para mal, en mundo globalizado y estamos conectados todos con todos, y estos bichitos, no entienden de fronteras, y menos de razas, de ideologías, de sexo, de religiones... así que unidos, saldremos adelante.




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