domingo, 12 de abril de 2020

El hundimiento del Maine


Lo de inventar o perpetrar excusas para entrar en una guerra no lo inventó el trío de las Azores en la guerra de Iraq… ¿os suena los de las armas de destrucción masiva?, viene desde la Antigüedad, y ejemplos hay cientos, ¿os acordáis también lo de la oreja de Jenkins?). Pues bien, una de las mayores y trascendentales excusas, por lo que menos en lo que a nuestro país respecta, es la del hundimiento de barquito en el puerto de la Habana, el USS Maine, que hizo que EE.UU. declarara la guerra a España, la cual resultaría trágica para nuestro país, puesto que perderíamos nuestras últimas posesiones de ultramar, las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, además de suponer un marasmo psicológico y anímico, un durísimo golpe para la opinión pública española, que empezó a ser conocido como la  Crisis del 98, seguro que sabéis que hasta una generación literaria surgió de aquella crisis, con escritores como Antonio Machado, Unamuno, Pío Baroja, …  que mostraron la decadencia política y social de la España del desastre colonial y mostraron la realidad de una época de urgente transformación, de regeneración como se llamó entonces…

Tras la independencia de la mayor parte del imperio a inicios del siglo XIX, sólo las islas antillanas de Cuba y Puerto Rico, y el archipiélago de las Filipinas, en el sudeste asiático, continuaron formando parte del imperio español (también algunas islas del Pacífico como las Marianas o las Carolinas). Sin duda alguna, la niña bonita era Cuba, cuyo tabaco y, sobre todo, la caña de azúcar (no por el ron, si no por el azúcar…, ¿a qué ya estáis pensando en caciques, negritas o barcelós con cola?), eran de vital importancia para la economía española, siempre moviéndose en el alambre, con déficit y deudas como síntomas crónicos de la salud financiera española.
            Desde 1868 se habían iniciados varias insurrecciones, como la llamada “Guerra de los Diez Años” en Cuba, contra el centralismo peninsular, que impedía cualquier tipo de autonomía administrativa, a parte de la ausencia de derechos políticos de representación en las Cortes. Las promesas para frenar esas insurrecciones pronto quedaron en el papel…  Además, estaba el asunto de la esclavitud… no penséis que la caña de azúcar se recogía con máquinas cosechadoras, para ello estaban los esclavos que “altruistamente” recogían tan preciado botín para endulzar los dulces y cafés en la Península, donde ya había un fuerte movimiento a favor por su abolición, lo que iba en contra de los intereses de los hacendados cubanos (todos blancos y de origen peninsular). No será hasta la década de los 80 de ese siglo cuando se prohíba la esclavitud en Cuba y el resto de colonias… tarde, pero llegó al fin.
            Por aquellos entonces, Estados Unidos, en pleno desarrollo y despegue industrial, recibía a millones de inmigrantes europeos que buscaban una nueva oportunidad y, además, ayudar construir ese enorme país en plena expansión hacia el Oeste (alguno sería el tatarabuelo del presidente de color naranja que tienen ahora… y mejor lo dejo ahí…), a la vez que iban aniquilando o “encerrando” a los verdaderos americanos en “reservas” (seguro que todos habéis visto algún “western” donde aparecen esos crueles pieles rojas despellejando cabelleras de valerosos soldados americanos, todos muy rubios…  enciman les llamaban salvajes, ¡qué manera de desvirtuar y manipular la realidad! … ¿creéis que ahora no se hace?).
Pues nada, que los yanquis empezaron a expandirse, adquiriendo Hawái y Alaska, y ¿adivináis donde pusieron su siguiente objetivo e interés?... Pues sí, en Cuba… en su azúcar y tabaco. Además, el presidente americano de entonces había desarrollado la doctrina Monroe (“América para los americanos”) para reivindicar sus legítimos intereses en Cuba, frente a los europeos (aunque tengo mis dudas si los americanos de entonces, como los de ahora, sepan con certeza que España esté en Europa…). Como hicieron con Alaska, que se la compraron a los rusos, la primera intentona fue comprársela a los españoles (décadas antes ya les habíamos vendido la Florida… ¿os imagináis qué negocio tendríamos con Disneyland si ese territorio todavía fuera nuestro? En este caso, el gobierno español rechazó la venta… humildes, pero con honra.
            Puesto que los españoles se negaron a vender la isla, los americanos cambiaron de estrategia y empezaron a insuflar dinero los independentistas cubanos, liderados por José Martí, además de proporcionarles armas y armamento. Paralelamente, la prensa americana empezó a preparar el terreno, engordando la leyenda negra que desde tiempos de Felipe II se había creado para desprestigiar a España y justiciar guerras, conquistas, etc. (lo de la leyenda negra persiste, solo hay que leer la prensa indepe catalana o escuchar a sus voceros o trileros… ¿os suena lo de España nos roba?).

Así, con la jugosa e intencionada ayuda norteamericana, José Martí y sus correligionarios se levantaron en armas en 1895 con el llamado Grito de Baire. Desde un primer momento, los insurrectos cubanos llevaron a cabo una táctica de guerrillas, de hostigamiento continuo hacia las tropas españolas, volando trenes y destruyendo las plantaciones y el ganado y, claro, matando a  jóvenes españoles que no disponían de las 1.500 pesetas que en aquellos tiempos te permitían librarse de la guerra (por entonces, el servicio militar y, por extensión, luchar en una guerra, podía ser librado por el pago de esos 9 euros de hoy en día, una verdadera fortuna para la mayoría de familias españolas, pero fácilmente asequible para la clase burguesa … ¿adivináis los hijos de quienes morían siempre en la guerra?).
Mientras la guerra seguía con crudeza, llegó a la presidencia americana un tal McKinley, que desde el primer momento mostró gran interés por el conflicto hispano-cubano e inició un tono belicista contra España, muy bien acompañada por la prensa norteamericana, criticando de manera exacerbada la dureza ejercida contra los cubanos, caricaturizando a los españoles y, en definitiva, preparando el terreno para un previsible y deseado conflicto con ese viejo país europeo. Así que se necesitaba una excusa que encendiera la mecha para la guerra…

            Y. ¡casualidad!, en febrero de 1898, en el puerto de la Habana se encontraba un acorazado estadounidense para velar por los intereses norteamericanos en la isla, el famoso USS Maine. Más bien estaba para intimidar y amenazar… Pues bien, a las 21:40 del 15 de febrero, reventó… explotó y se hundió de forma inesperada, provocando la muerte de más de 250 norteamericanos, 254 marineros de tropa y 2 oficiales para ser precisos, (el resto de la oficialidad estaba de permiso, ¿curioso?)
¡Premio! … ahí estaba la anhelada excusa… así que de manera inmediata y contundente la prensa y el Gobierno de Estados Unidos culparon a España de la voladura, claro está, sin pruebas y sin esperar a la investigación pertinente. Así titulaba de New York Journal: “El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo”. Había, incluso, quien había visto a un individuo en un bote arrojando una bomba… que potencia tendría el individuo y la bomba…o un torpedo…
Aunque con los resultados ya determinados, como suele ocurrir, se crearon dos comisiones (una americana y otra española, porque ni para esto se ponían de acuerdo) para investigar las causas del hundimiento. La comisión americana determinó que la explosión había sido provocada y externa… una mina colocada debajo del buque… (le faltó decir encima de una paellera). La española concluyó la explosión era debida a causas internas (No hubo columna de agua, ni siquiera había peces muertos en el puerto, lo que sería normal en una explosión desde el exterior).

Parece ser, que la causa más probable pudo ser que una de las calderas estallara o que se prendiera fuego en la carbonera donde se guardara el carbón, que prendería el almacén de pólvora adjunto, siempre de forma accidental… pero… ¡Qué más daba! La opinión pública norteamericana, bien adoctrinada, lo tenía claro…España era la culpable.
Lo primero que hicieron los yanquis fue ofrecer otra compra de la isla (¿A cuánto estaría el kilo de isla en aquella época?), oferta que fue tajantemente rechazada por el gobierno español, ya que preferían una derrota honrosa antes que una paz comprada. Además, en estos momentos de crisis, es cuando el patriotismo se enardece… La prensa española no era menos que la americana y con igual tono belicista y nacionalista alentaba a la guerra. ¡Los hijos del Cid derrotarían a los del tío Sam!

EE. UU. subió el nivel de amenaza… mandó un ultimátum en el que se exigía la retirada inmediata de Cuba (aunque antes de recibir respuesta, ya estaba movilizando voluntarios para la guerra), lo que fue nuevamente rechazado por el gobierno español, que seguía negando cualquier vinculación con el hundimiento del Maine, declarándole la guerra en caso de invasión de sus territorios.
            Justo lo que quería Estados Unidos, que en abril declaró la guerra a España. Y la verdad, fue breve…decidiéndose en el mar por la enorme superioridad naval estadounidense.
Primero, la flota de Estados Unidos, anclada en Hong Kong, se dirigió a Filipinas, destruyendo a la débil flota española, en dicho archipiélago, el 1 de mayo, en Cavite y el 14 de agosto cae Manila sin oponer resistencia, cuando ya se había firmado el armisticio.
En Cuba, el 3 de julio la flota del almirante Cervera, resguardada en la bocana del puerto de Santiago de Cuba, salió a enfrentarse de forma temeraria y estúpida a la muy superior estadounidense del almirante Sampson, que la esperaba fuera… y claro, fue totalmente destruida por la escuadra y el 17 se rendía Santiago de Cuba. A finales de julio las tropas estadounidenses desembarcaban en Puerto Rico.

            El 10 de diciembre de 1898, por el Tratado de París, España renuncia a Cuba y cedió a Estados Unidos Filipinas y Puerto Rico y la isla de Guam en el archipiélago de Las Marianas a cambio de 20 millones de dólares. Cuba se convirtió en una República independiente, aunque bajo la “supervisión” de Estados Unidos, mientras que Puerto Rico y Filipinas quedaron bajo administración directa de los estadounidenses.
            La pérdida de las últimas colonias fue conocida en España como el desastre del 98, y marcará el devenir político, económico y social de España en las primeras décadas del siglo XX.

No hay comentarios:

Publicar un comentario