La España del siglo XIX
fue muy convulsa y ajetreada (pronunciamientos continuos, guerra de
independencia, guerras civiles, una revolución, abdicaciones varias, …), pero
para ajetreo, ajetreo… la alcoba de Isabel II, donde más de una mañana aparecía
un sable distinto y la misma pluma…
Con apenas tres años, Isabel
II heredó la corona de España tras la muerte de su padre, el cenutrio de
Fernando VII y eso, que le había costado al rey “Felón”, pero al
cuarto matrimonio, con su sobrina María Cristina, fue la vencida, y tras alguna
ayudita y la abolición de la “Ley Sálica” de por medio, que impedía a
las mujeres reinar en España, en 1833 empezaba el reinado de esta reina que será
famoso por el “error” de su matrimonio y por la multitud de amantes que
le acompañaron en sus treinta y cinco años de reinado e, incluso, en el exilio
posterior.
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| Isabel II |
Hay que partir de la base
que con tres añitos heredó todo un imperio, aunque menguante (ya se había perdido
la mayor parte de América, y solo nos quedaba Cuba, Puerto Rico y Filipinas…
para que se entienda…llevábamos siglos codeándonos con los mejores en la
“Champions league” y ahora luchábamos por no descender a Segunda división,
petardazo que se consumaría en el 98…) y que siempre estuvo rodeada de interesados,
crápulas y oportunistas que vieron en ella la gran oportunidad de enriquecerse
y servirse del poder.
La primera que se
aprovechó fue su madre, María Cristina de Borbón, nombrada regente ante
la minoría de edad de Isabel. Desde el primer momento se desentendió de la
educación de su hija y de darle el cariño necesario, y se preocupó más en
encontrar el amor ante su temprana viudedad y… vaya si lo consiguió, ya que, a
los dos meses del fallecimiento de su marido, ya estaba “liada” con un sargento
de la Guardia de Corts, Fernando Muñoz Sánchez, con el que contrajo matrimonio
en secreto, aunque los continuos embarazos dificultaron mucho el ocultamiento
de tal relación, como se decía en las tabernas de la época: "La regente
es una dama casada en secreto y embarazada en público". La regente
siempre buscó controlar y manipular a su hija en beneficio de sus propios
intereses y enriquecimiento personal. llegando a tal nivel de corrupción y
desvergüenza, que fue expulsada de la regencia y sustituida por Espartero,
general victorioso en la I Guerra Carlista. Este duró tres años en la regencia,
enfrentados con todos por su carácter autoritario y tras bombardeo de Barcelona
incluido (A él se le debe la frase: "por el bien de España, hay que
bombardear Barcelona una vez cada cincuenta años", de la que hoy
muchos estarían de acuerdo…).
Además, durante estos
años, su educación fue deficitaria, centrada en la formación doméstica, en la
religión y en la práctica del piano, evitando cualquier estudio humanístico y
político, ya que, los buitres e interesados que tenía alrededor de ella,
partían de la base de que cuanto más ignorante permaneciera, más fácil
resultaría servirse de ella y de su cargo. Así, poco a poco, se fue fraguando
el carácter de la reina, descrita en la mayoría de los casos, como alegre y
generosa, pero también caprichosa y excesivamente apasionado y temperamental, lo
que después se trasportaría a una vida sexual igual impulsiva.
Y con este bagaje
formativo, es nombrada reina a los 13 años, a cargo de un todo un país
como España, en proceso de revolución industrial y desarrollo de los
transportes (el primer tren ferroviario circuló en 1848… imagínense los
“pelotazos” en las concesiones de construcción de vías…) y que mejor manera de
influir y de aprovecharse de la adolescente reina, que ser el primer amor,
aquél que desflorara su virtud… así que rápidamente estos “buitres” se lanzaron
en conseguir tan preciado botín… Y ese premio, parecer ser, que se lo llevó Salustiano
Olózaga, líder del partido progresista y presidente del consejo de
ministros, con fama de galán y conquistador, que pudo ser el primer amor de la
reina con apenas 14 años. Como no, se aprovechó de ella, y en una noche de
pasión, consiguió u obligó a la reina a disolver las Cortes (de mayoría
moderada) para convocar elecciones y conseguir una mayoría de su partido,
aunque al día siguiente, Isabel II, arrepentida o presionada por los moderados,
intentó revocar la firma del decreto argumentando la utilización de la fuerza
física, lo que conllevó la caída en desgracia de Olózaga e, incluso, su
posterior exilio de España.
Y llegó el momento de casarla,
cuestión de Estado, que podría afectar al equilibrio de la política
internacional europea… Hubo multitud de candidatos, que fueron valorados en
función de los intereses internacionales y particulares de la regente y de los
partidos políticos del momento… sin contar, por supuesto, con la opinión y
deseos de Isabel… así que la decisión fue la peor, aunque la menos molesta a
nivel interno e internacional, ya que el elegido fue su primo
Francisco de Asís… solo basta mencionar el comentario que hizo la propia
Isabel al enterarse de tal decisión: "¡No! ¡Con Paquita, no!"
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| Isabel II y Francisco de Asís |
Ya sea por las presiones
de su madre y su entorno, o por el sentido de Estado, Isabel aceptó al
candidato elegido a ser su esposo, aunque antes le dijo a su madre: “He
cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que
fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quería”.
Y es que su primo era conocido
por su homosexualidad, más que evidente, de ahí que se le conociera como Doña
Paquita o Paco Natillas. Además, la criatura tenía pequeña
malformación en el pene le impedía mear de pie (para que lo entendáis, el
orificio de salida de fluidos no lo tenía en el glande, sino en un lateral…).Por
Madrid se cantaba por entonces esta coplilla: “Gran problema es en la Corte
averiguar si el Consorte cuando acude al escusado mea de pie o mea sentado”.
Con este panorama,
imagínense la noche bodas. ¡Vaya espectáculo! La propia reina comentó después:"¿Qué
podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo?".
Así que, tras esta desastrosa noche de bodas, le siguieron el resto, por lo que
pronto empezaron a llegar amantes a la alcoba de la reina, sin pudor alguno,
así que el matrimonio se resquebrajó de manera inmediata y el rey consorte
abandonó pronto el lecho conyugal, ya concurrido de por sí, y si aceptó su
condición y situación, fue gracias a las lucrativas dotes que se le daba tras
nuevo escándalo, o tras embarazo de la reina, que el asumía como suyo, y es que
la reina llegó a tener 12 embarazos. No obstante, Francisco de Asís, también
tuvo sus propios amantes masculinos, aunque sus relaciones siempre fueron más
discretas, y la mayor parte de su vida siempre estuvo acompañado de un apuesto
y joven aristócrata llamado Antonio Ramón Meneses, que incluso le siguió en sus
años en el exilio.
Con esta base e historial,
el matrimonio real tuvo varios hijos (solo 5 sobrevivieron a edad adulta),
aunque siempre bajo la sospecha de ser fruto de las infidelidades de la reina,
ya que hay historiadores que creen que el matrimonio jamás se llegó a consumar,
aunque otros consideran que los dos primeros embarazos de la reina, pudieron
ser el consorte, pero terminaron en abortos, dado su consanguineidad, eran
primos hermanos por partido doble.
Isabel, fogosa,
temperamental y sensual, no tardó en suplir al consorte en las
responsabilidades conyugales con amantes, que se fueron alternando en su catre
desde su juventud hasta su vejez. Así que fue un no parar… políticos, militares
(fueron su predilección), aristócratas, artistas, diplomáticos, …
Poco después de casarse, encontró
el amor en el prestigioso general Serrano, “el general bonito”,
como la llamaba Isabel, veinte años mayor que ella, y que aprovechó su relación
para su promoción política. Tal era la pasión de la reina con Serrano que
perdió el pudor de ocultar la relación, persiguiéndolo por todos los cuarteles
de Madrid, por lo que el Ejército tuvo que alejar al general de Madrid para frenar
el escándalo y el escarnio del rey consorte, que volvió al palacio como signo
de reconciliación… y tras previa entrega de estipendios… cornudo, pero con necesidades
financieras.
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| General Serrano |
Pero claro, a amante
“muerto”, amante puesto…e Isabel, joven y enamoradiza, quedó prendada de un
joven y atractivo aristócrata, el marqués de Bedmar, que compartía la afición
con la reina de ir a teatros, bailes. Había un problemilla… y es que el marqués
también estaba casado, por lo que la relación duraría poco tiempo, no obstante,
los amantes van pasando por la alcoba real, incapaces de frenar la fogosidad de
la reina. Mientras tanto, tiene dos abortos de dudosa paternidad, hasta que
finalmente, al tercer parto, nace la infanta María Isabel, a la que pronto
llamaron “La Araneja", ya que nadie dudaba que la paternidad recaía
en un noble llamado José Ruiz de Arana y Saavedra, "el Pollo Arana",
que había cautivado a la reina en uno de los bailes a los que acudía Isabel II.
De esta relación hay una anécdota, ya que su marido Francisco de Asís, le dijo
un día a la reina que tuviera cuidado con el pollo Arana, que le estaba
poniendo los cuernos…
Quizás el pollo Arana
sería uno de sus amantes más duraderos, hasta que fue sustituido por un joven
militar valenciano, capitán de Ingenieros, Enrique Puigmoltó, que es
considerado por la historiografía el padre legítimo del siguiente hijo que tuvo
Isabel, Alfonso, futuro Alfonso XII, y que pronto empezó a ser llamado
por calles y tabernas como "Puigmoltejo". Como padre del
entonces Príncipe de Asturias, el militar valenciano se aprovechó bien,
consiguiendo condecoraciones y prebendas, incluso nombrado Vizconde de Miranda.
Se dice que un día hablando Isabel con su hijo, entonces Príncipe de Asturias,
le dijo “Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la
mía”. Tras las presiones de políticos, amigos y hasta el mismo Papa, se
consiguió alejar a Puigmoltó de la C
orte y mandarlo a Valencia, donde siguió
con su fulgurante carrera y cobrándose sus favores reales.
Isabel II llevó una vida
frenética, de fiesta en fiesta, acostándose, a menudo, a altas horas de la
madrugada para despertar a media tarde. Se vestía ayudada por sus cámaras y
devoraba con glotonería todo lo que pusieran por delante sus camareras. Por la
tarde, despachaba rápidamente los asuntos de estado que concerniesen ya que
prefería dedicar las tardes a juegos y paseos. Cuando llegaba la noche volvía a
lucir sus mejores galas y se iba al teatro o a algún baile, sin importarle las
habladurías sobre su nuevo amante de turno. Además, sus “pecados” los redimía
rápidamente acudiendo a confesar sus pecados ante la camarilla de curas y mojas que siempre le rodeó, como el padre Claret o sor Patrocinio, que tuvieron una poderosa influencia en la vida de la reina. Cuentan que cuando el Papa Pío IX le concedió la Rosa de Oro de la cristiandad a Isabel, justificó dicho reconocimiento diciendo: "Es puta, pero pía" (lo de pía viene por donaba anualmente un gran estipendio a las arcas vaticanas).
Los
amantes siguieron... militares como el poderoso general O’Donnell, del que se
cuenta en una visita a palacio para despedirse de la reina ya que iba a una
campaña militar en Marruecos, esta le dice cariñosamente que si ella fuera
hombre iría con él, a lo que Francisco de Asís, que estaba presente, añadió “lo
mismo te dijo O´Donnell, lo mismo te dijo”. También hubo intelectuales, como el
poeta Miguel de Tenorio, quien para muchos historiadores es el padre de las
tres hijas siguientes que tuvo Isabel II, artistas como el cantante catalán José
Mirall o el barítono Tirso de Obregón, incluso, algún extranjero, como el estadounidense
McKeon.
En el año 1968, ante la
decadencia política y moral de la monarquía isabelina, se fraguó una revolución
(“La Gloriosa”), encabezada, entre otros, por el su “general bonito”, Francisco
Serrano, que consiguió triunfar y derrocar a la reina, que se tuvo que marchar
a París, donde Isabel siguió con sus flirteos amorosos, con varios amantes
conocidos, como el “buscavidas” Carlos Marfori, que, de antiguo panadero, llegó
a ministro de Ultramar y la siguió hasta en el exilio. Su ultimo compañero de
viaje será un húngaro de origen judío, Josep Haltmann, hasta la muerte de
Isabel II un 9 de abril de 1904.
Esta vida amorosa de Isabel II llegó a tal nivel de escarnio, que el poeta Gustavo Adolfo Becquer, junto con su hermano, hicieron unas láminas pornográficas, tituladas "Los Borbones en pelota", donde reflejaban los excesos sexuales de Isabel II, sus amantes y a Doña Paquita... (solo hay que poner en Google "los borbones pelota" y podréis visualizar estas láminas... ¿son curiosas, verdad?)
Pero mientras la reina se preocupaba en buscar inquilino temporal para su alcoba, en su reinado se empezó a fraguar una España
bipolar, las dos Españas de las que hablaba Machado, que tarde o más temprano tardarían chocando...





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